Manejo nutricional en vacas lecheras: claves para mejorar la fertilidad

Un adecuado manejo nutricional durante el período de transición es clave para resguardar la fertilidad, la salud y el desempeño productivo de las vacas lecheras.

Los sistemas productivos lecheros han experimentado importantes transformaciones en genética, alimentación y manejo, impulsando una mayor producción de leche en las vacas lecheras. Sin embargo, este aumento productivo también las ha vuelto más susceptibles a enfermedades y problemas reproductivos. Por ello, un adecuado manejo nutricional y ambiental durante el período de transición —que abarca desde las tres semanas previas al parto hasta las tres semanas posteriores— es clave para resguardar la fertilidad, la salud y la producción futura del rebaño.

El objetivo de este artículo es entregar claves prácticas para un manejo nutricional que permita mejorar la fertilidad de las vacas lecheras, sin comprometer la salud podal ni el desempeño productivo del rebaño.

Para mejorar la fertilidad de las vacas es indispensable realizar buenos manejos durante el período de transición. Lo primero que debemos evaluar en esta etapa es su condición corporal (CC), una apreciación visual del estado de reservas grasas en algunos puntos estratégicos del animal. Esto nos sirve para tener una apreciación del balance energético en que se encuentra la vaca. Es sabido que, después de los 100 a 120 días de lactancia, las vacas alcanzan un balance energético positivo, porque comienzan a consumir más alimento y a producir menos leche, lo que les permite recuperar las pérdidas del primer tercio de lactancia. Por esta razón, se recomienda evaluar la CC a los 150 – 200 días de lactancia, ya que en este momento podemos decidir si la vaca debe mantener su estado actual o debe recuperar la condición corporal. Cuando las vacas llegan con una alta CC al período seco, tienden a movilizar sus reservas a la producción de leche, lo que genera una pérdida abrupta de la condición corporal, repercutiendo también en el restablecimiento del ciclo estral.

Según diversos autores, con un correcto manejo nutricional en el periodo de transición es posible aumentar el peak de producción, mejorar la fertilidad y la producción total de las vacas.

Para lograrlo,  debemos cumplir con los siguientes puntos:

1) Disminuir la disrupción ruminal

Al pasar de una dieta de lactancia a una dieta preparto, generalmente ocurren cambios en la flora ruminal, pasando de tener predominantemente bacterias amilolíticas a bacterias celulíticas. Esto modifica el perfil de Ácidos Grasos Volátiles (AGV), disminuyendo la proporción de propionato/butirato, mientras aumenta el acetato, lo que afecta en el crecimiento de las papilas ruminales. Para evitar esto, se recomienda aumentar el almidón en la dieta a valores cercanos a 18%. 

2) Minimizar la deficiencia de macrominerales

A medida que se aproxima el parto, los requerimientos de calcio aumentan significativamente en relación con el calcio circulante, predisponiendo a la aparición de hipocalcemia. Para que esto no ocurra, es indispensable el uso de sales aniónicas para prevenir la hipocalcemia en vacas lecheras, que permiten ajustar el balance catión–anión de la dieta. En este contexto, existen soluciones como Vetersal® Aniónico y Vetersal® Pre-Parto Aniónico, formuladas para su uso en vacas en preparto.

3) Controlar los trastornos de movilización de grasa corporal

Durante el preparto, se produce una reducción fisiológica del consumo de materia seca (CMS), pudiendo llegar a ser un 30% menor. Esta tendencia continúa en el postparto, aunque en menor medida. En este período también hay un aumento de un 84% del flujo sanguíneo hepático. Si no evitamos esta movilización de grasa tendremos mayor presentación de cetosis clínica y subclínica en el rebaño. 

Para apoyar la función hepática y reducir la acumulación de grasa en el hígado, se recomienda suplementar con metionina hidroxilada para vacas en período de transición, como MFP®, y con colina bypass para apoyo hepático, como Novichol®.

4) Aminorar la inmunosupresión

Durante la gestación se produce una inmunosupresión fisiológica necesaria para que esta llegue a término. Sin embargo, es fundamental evitar que dicha inmunosupresión se intensifique. Para ello, es clave controlar factores que podrían estresar a la vaca como la nutrición, manejos ambientales, el manejo social con otras vacas (por ejemplo, los cambios de lote), entre otros. Un manejo inadecuado puede aumentar la susceptibilidad a enfermedades infecciosas, con una incidencia que puede alcanzar entre el 60 y el 80% en este período, debido a la disminución en la actividad de neutrófilos y linfocitos. Por ello, es primordial el uso de vitamina E y selenio como agentes antioxidantes.

La reorganización del metabolismo nutricional de las vacas lecheras debe garantizar los requerimientos de nutrientes del útero grávido al final de la gestación con los de la glándula mamaria en el período de vaca fresca. A inicios de la lactancia la demanda de glucosa por parte de la glándula mamaria es tres veces mayor que las del útero al final de la gestación, de igual forma los requerimientos de aminoácidos se duplican y los de ácidos grasos pueden ser de hasta ocho veces más altos. Se debe dar una ración balanceada, con alta energía, no sobrepasando los 40-50% de la materia seca (MS) proveniente de concentrados energéticos. Superar este umbral puede incrementar las posibilidades de acidosis ruminal. 

El suministro de dietas bajas en fibra y ricas en carbohidratos de fácil digestión (como almidones, azúcares) favorece la disminución del pH ruminal, lo que predispone a la aparición de acidosis ruminal. Esto provoca aumento en la acumulación de ácido láctico, alterando la flora ruminal y atrofiando/necrosando las papilas ruminales con una eventual hiperqueratosis, que resulta en una reducción de la absorción de los ácidos grasos volátiles (AGVs).  

Existe una proliferación de bacterias coliformes y clostridiales, que generan la muerte de bacterias gram-negativas que liberarán factores tóxicos como tiramina, etanol, endotoxinas e histaminas. Estos factores tóxicos producirán vasoconstricciones y menor irrigación de los tejidos conectivos del aparato suspensorio de la falange distal, desencadenando los siguientes eventos:

  1. Separación de elementos del tejido blando y de los vasos sanguíneos
  2. Aumento de la presión en la dermis y el tejido vivo
  3. Aumento de la movilidad de la falange distal dentro de la cápsula córnea.

Esta laminitis no mata al animal, pero lo invalida, causando pérdidas en fertilidad, producción, incremento de descarte, tratamientos, pérdida de condición corporal, etc.

Importancia del manejo nutricional posparto en la fertilidad

En el manejo nutricional posparto se busca asegurar una ración balanceada en proteínas. Una alimentación inadecuada en este aspecto puede provocar un aumento de la urea en la sangre y del amoníaco en el ambiente uterino, lo que altera su pH y, como consecuencia, interfiere con el ciclo estral de la vaca lechera.

La energía (lípidos) es el nutriente que más influye en la reanudación de la ciclicidad en la vaca posparto. Un mayor aporte energético antes del parto corrige posibles deficiencias marginales, permitiendo que las vacas retomen el ciclo estral más temprano y mejoren su fertilidad en la inseminación artificial. En este contexto, se recomienda suplementar con ácidos grasos omega-6 durante la gestación tardía y el inicio de la lactancia, ya que favorecen el desarrollo folicular, y con ácidos grasos omega-3 durante la lactancia, para mejorar la supervivencia embrionaria. Para este propósito, se utilizan grasas bypass para vacas lecheras, como Gopilac® y Gopifat R-80®.

Las dietas postparto deben estimular la producción de insulina en sangre, repercutiendo en la producción de hormonas FSH, LH y progesterona. Esto influye en la formación de folículos en buen estado y ciclos estrales más cortos y notorios por parte de las vacas.

Un manejo nutricional adecuado es esencial para mantener la salud podal y la fertilidad en vacas lecheras. La biotina, por ejemplo, es un aditivo clave, ya que participa en la síntesis de queratina a través de enzimas dependientes de biotina implicadas en la producción de ácidos grasos de cadena larga, presentes en la sustancia cementante intercelular.  Los rumiantes funcionales son capaces de sintetizar biotina en el rumen, sin embargo, en vacas de altas producción puede ser insuficiente o verse afectada por dietas ácidas, por lo que se recomienda suplementarla a razón de 20 mg/vaca/día.

Además, diversos minerales —como calcio, cobre, manganeso y zinc— presentes en sales minerales o dietas TMR, contribuyen a los procesos de queratinización y cornificación de la epidermis de la pezuña. Estos minerales también influyen en la salud reproductiva: el zinc favorece la maduración folicular, el fósforo mejora la viabilidad de las células reproductivas y el selenio mantiene la salud ovárica y uterina.

Hay minerales que potencian su función asociada a metionina: 1) Se- Met, protege membranas celulares, evita daño oxidativo, contribuye a la protección y mantención de la función fisiológica de la sustancia cementante intercelular, 2) Zn- Met, es clave en todo el proceso de diferenciación celular de la queratinización.

También es importante evitar deficiencias de vitaminas A, D y E, ya que participan en el desarrollo embrionario, la absorción de minerales y la protección frente al estrés oxidativo.

Finalmente, un plan nutricional enfocado en la salud reproductiva debe complementarse con buenas prácticas de manejo de las áreas de descanso del preparto, realizar arreos adecuados, reducir las distancias de desplazamiento, respetar los periodos de descanso con sombra o techo, y realizar despalmado preventivo.

Si deseas profundizar en el manejo nutricional del período de transición o conocer alternativas para mejorar la fertilidad del rebaño, puedes contactarnos o dejar tu comentario.


Autor

Felipe Herrera Muñoz, Médico veterinario, jefe zonal del área de Animales Mayores de Veterquimica

Contacto: fherrera@veterquimica.cl

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