La cabeza de parición: cuando la reproducción se transforma en kilos

La eficiencia reproductiva en los sistemas de producción de carne es el resultado de la interacción de múltiples factores, entre ellos la nutrición, la condición corporal, la sanidad, el manejo del rebaño, la lactancia y su cría, la actividad ovárica, la categoría de las hembras, la calidad del semen y el manejo del servicio. A estos factores se suman tecnologías reproductivas como el uso estratégico de hormonas y la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF), que permiten ordenar y programar el proceso reproductivo.

Por eso, hablar de reproducción no es hablar solamente de inseminar o de cuántas vacas quedan preñadas. También es fundamental preguntarnos cuándo logramos esas preñeces dentro de la temporada reproductiva y qué impacto que tienen sobre la productividad del sistema.

La importancia de preñar temprano

En sistemas de producción de carne con temporadas de servicio y parición estacional, no todas las preñeces tienen el mismo valor productivo. Una vaca puede quedar preñada dentro de la temporada, pero el momento en que lo consigue es determinante.

La llamada “cabeza de parición” representa uno de los principales objetivos de un sistema reproductivo eficiente. Las vacas que se preñan temprano tienen mayores posibilidades de parir al inicio de la siguiente temporada, dando origen a terneros de mayor edad al destete y de mayor peso.

Pero el beneficio no termina en el destete. Una vaca que se preña temprano tiene mayores posibilidades de mantener un intervalo entre partos adecuado, recuperar su condición corporal y enfrentar en mejores condiciones el siguiente servicio.

Por esto, la eficiencia reproductiva no debería evaluarse solo por la tasa de concepción o por la tasa de preñez, sino también por la distribución de esas preñeces dentro de la temporada.

Dos rebaños pueden alcanzar un porcentaje de preñez similar y, sin embargo, tener una productividad muy diferente, si uno concentra una mayor proporción de sus preñeces al inicio de la temporada.

Preñar temprano significa parir temprano, disponer de más tiempo para que el ternero crezca antes del destete y aumentar el potencial de producción de kilos de ternero a lo largo de la vida productiva de la vaca.

La reproducción comienza mucho antes de la IATF

Para lograr preñeces tempranas, primero debemos preparar a la vaca.

La condición corporal con la que llega al parto, la disponibilidad de alimento, la correcta nutrición durante el posparto, la demanda de la lactancia y la capacidad de recuperar la actividad ovárica, condicionan su desempeño reproductivo posterior.

En la vaca de carne existe además un desafío particular: debe recuperar su actividad reproductiva mientras mantiene la lactancia y continúa criando a su ternero.

Por ello, no basta con observar la condición corporal en un momento determinado. También es importante conocer cómo ha evolucionado.

Como referencia práctica, para el ganado de carne, dentro de una escala de 1 a 5, un objetivo útil es una condición corporal al parto de 3.5 y de 3.0 a 3.5 al inicio del programa reproductivo, dependiendo del sistema, la raza, la disponibilidad de alimento y la duración de la temporada.

Más que buscar una CC elevada como objetivo en sí mismo, el propósito es evitar que las vacas lleguen al período reproductivo excesivamente delgadas o excesivamente gordas y, especialmente, minimizar la pérdida de condición corporal después del parto.

Dos vacas pueden llegar a la IATF con una CC 3.0 y encontrarse en situaciones muy diferentes: una puede estar manteniendo su condición después de una pérdida moderada, mientras otra puede continuar perdiendo reservas. Su respuesta reproductiva no necesariamente será la misma.

Imaginemos dos vacas que llegan al inicio del programa reproductivo con CC 3.0.

La primera parió con CC 3.5, perdió poco después del parto y actualmente mantiene su condición. La segunda parió con CC 4.0, cayó hasta 3.0 y todavía continúa perdiendo reservas.

Aunque ambas tienen exactamente la misma CC el día de la IATF, su situación fisiológica y reproductiva no necesariamente es la misma.

La primera ya puede estar estabilizándose. La segunda todavía se encuentra en un proceso de movilización de reservas.

La información disponible en vacas de carne sometidas a IATF refuerza la importancia de considerar tanto la condición corporal como sus cambios posteriores al parto.

Antes de hablar de hormonas, hay que mirar la vaca

No todas las vacas que no presentan celo se encuentran en la misma situación. Puede tratarse de animales que están ciclando pero cuyo celo no fue detectado, vacas en anestro posparto, animales con baja condición corporal, dificultad para recuperar adecuadamente su actividad ovárica, problemas sanitarios, etc.

Por eso, el diagnóstico reproductivo previo, realizado por un veterinario, permite conocer mejor el estado del rebaño y seleccionar la estrategia más adecuada.

Cuando encontramos muchas vacas con baja condición corporal y sin actividad ovárica al inicio del programa, la primera pregunta debería ser nutricional y de manejo, antes que hormonal.

¿Cómo nos ayudan las hormonas reproductivas y la IATF?

En sistemas con temporadas reproductivas estacionales, estas herramientas permiten concentrar los manejos reproductivos y aumentar las oportunidades de generar preñeces tempranas, contribuyendo a una mayor concentración de partos.

La IATF también permite organizar el manejo reproductivo y programar la inseminación sin depender exclusivamente de la detección visual del celo.

Nos permite incorporar genética de alto nivel mediante el uso de semen de toros seleccionados según características productivas y reproductivas.

Siempre debemos considerar que las hormonas utilizadas en los protocolos de IATF permiten controlar de manera predecible la dinámica folicular y el ambiente hormonal de las hembras, además, favorecemos el reinicio de la ciclicidad en vacas en anestro superficial o próximas a reanudar su actividad ovárica, permitiendo obtener un mayor número de vacas preñadas de manera anticipada, a diferencia de esperar el reinicio espontáneo de su ciclo estral.

Sin embargo, existe una premisa fundamental:

La IATF puede ordenar y sincronizar la reproducción, pero no reemplaza una buena nutrición, condición corporal, sanidad ni manejo del rebaño de carne.

El tiempo también es parte del tratamiento

Una vez seleccionado el protocolo, su correcta ejecución es fundamental.

En IATF, el tiempo forma parte del tratamiento. Intervalos incorrectos entre aplicaciones, animales que no reciben algún tratamiento, errores de identificación, conservación inadecuada de los productos, horarios equivocados, problemas en la manipulación del semen o fallas durante la inseminación pueden afectar los resultados.

Por esto, todo el personal involucrado debe conocer previamente el protocolo y cada aplicación debe quedar correctamente programada y registrada con días y horarios definidos.

La precisión en los horarios y en la ejecución no es un detalle administrativo: forma parte del tratamiento y del resultado reproductivo.

No existe un protocolo único para todos los rebaños

Existen múltiples alternativas de protocolos de IATF y la elección debe adaptarse a las características de cada sistema.

La categoría animal, condición corporal, estado de ciclicidad, presencia de anestro superficial o profundo, época del año, manejo del rebaño y objetivos productivos son algunos de los factores que deben considerarse antes de seleccionar una estrategia.

Dentro de los protocolos más utilizados pueden distinguirse aquellos que utilizan estradiol como parte de la sincronización y aquellos que no lo utilizan, basándose principalmente en GnRH, progesterona y prostaglandina.

No existe un único protocolo que sea necesariamente el mejor para todos los rebaños. La estrategia debe ser definida y ajustada junto con el veterinario responsable del programa.

Preñar a tiempo para producir más kilos

En un sistema de carne con temporadas reproductivas definidas, el objetivo no es solamente preñar vacas, sino preñarlas a tiempo.

La cabeza de parición se construye mucho antes de la inseminación: con vacas que llegan al parto en buenas condiciones, adecuada disponibilidad de alimento, buena sanidad y capacidad de recuperar oportunamente su actividad reproductiva.

Cuando nutrición, condición corporal, sanidad, manejo, diagnóstico reproductivo, el uso de hormonas reproductivas e IATF trabajan de manera coordinada, es posible aumentar las oportunidades de lograr preñeces tempranas en cada temporada, concentrar los partos y producir más kilos de ternero.

Porque en un sistema de crianza estacional, el tiempo también se transforma en kilos.

Autor

Katherinne Martínez

Médico Veterinaria y Jefa Comercial Línea Reproductiva

Veterquimica

Contacto: kmartinez@veterquimica.cl

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